¿Qué es un Bartleby?. Un personaje de Herman Melville, el escribiente, un hombre que decide no hacer nada. Que se resiste a la acción con un «prefiero no hacerlo».
Alguien que renuncia a ser. Vila-Matas, con gran astucia, se dedica en este libro a rastrear aquellos genios de la Literatura que en lo alto de la cima literaria, decidieron abandonar la escritura. No obstante, están sentados en las poltronas del Parnaso contemplando mientras los asiduos a las Letras buscamos, como tesoros escondidos, nuevos escritores que puedan superar a los canónicos.
Vila-Matas es un escritor imaginativo y culto. En «París no se acaba nunca» (Anagrama, 2008, sexta edición) nos deleita con el relato de sus vicisitudes y avatares en la tierra de Mòliere, donde, a diferencia de Ernest Hemingway, no lo pasa ni con felicidad ni en situación de fiesta, enredado en la escritura de su primera novela que persigue nada menos y nada más que la muerte del lector.
Vila-Matas podría haber hecho de esta primera novela su entrada en la Escena del No, es decir, muerto el lector, ¿para qué seguir escribiendo?.
Sin embargo, no ha sido así. Vila-Matas ha perseverado escribiendo textos memorables como El mal de Montano o Exploradores del abismo en las que ha ido afilando ese estilo irónico que decidió profundizar desde su bautizo en un, para mi, «París será (siempre) una fiesta».
La metaliteratura atraviesa todo el sendero que va construyendo la escritura de un autor que conoce muy bien las coordenadas del placer que todo texto debe ofrecer a los lectores y cuyas herramientas son la imaginación, una excelente letra y el acopio de sus lecturas y autores.
Un autor para no abandonar... porque también existen Bartlebys de la lectura.






