Buenas tardes,
Anteayer, miércoles 16 de abril, un militar profesional ; un individuo que se encuentra fuera del alcance de toda jurisdicción penal ; un funcionario de libre designación —un cargo de confianza— nombrado a título personal por un golpista, criminal de guerra y dictador ; una persona con financiación pública, opaca y virtualmente ilimitada ; el depositario de un cargo público de carácter privado ; un mandatario irrevocable, vitalicio y hereditario… ajeno al desarrollo del proceso electoral del pasado 9 de marzo, presidió la ceremonia oficial de apertura de la IX.ª Legislatura de la « democracia », y llegó a hacer uso de la palabra, desde el lugar de honor del Congreso de los Diputados, donde se encontraban las Cortes Generales reunidas en sesión conjunta, para presenciar una vez más, la puesta en escena de la última voluntad del genocida del Ferrol.
Algunos años antes, ese mismo hemiciclo hacía las veces de carpa circense para albergar otro esperpento dramático : la sede de nuestro Poder Legislativo fue el lugar elegido para celebrar la ceremonia de coronación de un monarca castrense. En aquella ocasión, el entonces príncipe de Asturias se hallaba rodeado de obispos, empresarios, procuradores a Cortes, falangistas, banqueros, compañeros de armas y fauna de similar pelaje… allí, a la vista de todos, en pleno S. XX, el que durante tantos años ejerciera como fiel becario del dictador, juró solemnemente cumplir y hacer cumplir los principios que infundan el Movimiento Nacional y se sentó en el trono de su padre.
¿Y todo eso por qué ? ¿Por qué entonces y por qué todavía hoy ? Gracias —en parte— a la fuerza de las armas o la amenaza con el uso de éstas ; y en parte, gracias a que nosotros se lo permitimos… ayer por miedo, y hoy… quien sabe.
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Hace algo más de 70 años, una parte de nuestras Fuerzas Armadas se convirtió en una banda terrorista, pero no en una banda terrorista al uso, de las que ahora se utilizan para justificar campañas que antes se encubrían bajo la sagrada consigna de evangelizar a los infieles… no, no hablamos de señuelos ni artificios, sino de terrorismo de verdad : terrorismo tangible —hablamos de crímenes masivos, pero perfectos—, de los que logran subvertir el orden constitucional y de Derecho, y someter la voluntad de la mayoría al capricho y conveniencia de una reducida elite fascista.
Hace 70 años —decía—, ese grupo de sediciosos, contando con la participación activa de otras bandas terroristas internacionales, llegadas principalmente de Italia y Alemania ; contando con la inestimable cobardía de las potencias alineadas entorno al Comité de No Intervención, lograron por fin, la desaparición física del Estado. Cuando todavía no se había enfriado el cadáver de la Segunda República Española, ellos, se apropiaron de su nombre e instituciones, y las convirtieron en un régimen antidemocrático cuyo nombre oficial todavía conserva : el « Reino de España », una « democracia orgánica ».
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Como es sabido, a su muerte, el general Franco legó el poder al joven que llevaba años cubriéndole las bajas por enfermedad : un joven italiano, de ascendencia gala, criado en Portugal y casado con una griega de origen alemán, cuya estirpe también sufrió el destierro a instancias de su Pueblo, al ser hallada culpable de un delito muy arraigado en ambas familias : andar flirteando con militares golpistas… Y de aquellas coronas… estos lodos :
El « Reino de España » acusa hoy un déficit democrático cada vez más inocultable : nos encontramos en 2008 y casi todo está por hacer : se prohíben partidos políticos ; se cierran medios de comunicación ; se constriñe la libertad de expresión ; se interpreta el Derecho Penal con carácter secreto, sesgado, retroactivo y preventivo ; se legisla a golpe de actualidad ; se embrutece la razón, pagando a catequistas con cargo al Erario Público ; se mantiene una insultante asimetría en la cuestión de nuestra Memoria Histórica ; pervive un sistema electoral que supone una situación de fraude continuo, puesto que además de no ser proporcional, establece diferencias inexplicables entre circunscripción y ámbito jurisdiccional ; se abusa sistemáticamente de la prisión preventiva ; se toleran préstamos al 30% de tasa de usura ; se encarcela por razones de conciencia u opinión ; se permite que sea el Ejecutivo quien nombre a la Fiscalía ; se abusa de la capacidad para la emisión de Decretos-Ley ; se han infiltrado, pervertido, verticalizado y amarilleado las llamadas centrales sindicales ; se han creado dependencias ignominiosas entre el Estado y buena parte de las organizaciones no gubernamentales ; se consiente el terrorismo cotidiano que supone la falta de inversión en seguridad e higiene en el trabajo ; se ha permitido un proceso de concentración mediática que supone una gravísima amenaza para la libertad de prensa —pilar fundamental de la democracia— ; se está privatizando la mayor parte de los servicios e infraestructuras públicas, con grave menoscabo de los intereses de la comunidad ; se margina la educación pública frente al auge de la privada y esotérica ; se está privatizando paulatinamente la gestión de la sanidad pública ; se ha convertido el derecho a la vivienda en un tipo de producto financiero ; se permite la existencia de amplias sub-clases obreras —cuya precariedad roza las condiciones propias de la esclavitud— ; se consiente la existencia de un amplio nivel de impunidad jurídico-policial, algo que causa sonrojo en instancias internacionales, donde cada vez con mayor frecuencia se nos agrupa junto a los sitemas judiciales turco y saudí ; se cede el territorio nacional para facilitar las guerras de invasión de la potencia imperial norteamericana ; se mantuvo largamente el extrañamiento institucional de los más valerosos miembros de las fuerzas armadas : los militantes de la UMD, cuya reparación —todavía insuficiente— debería convertirse en un ejemplo de honestidad y coherencia cívica ; se tardó más de siete años en rechazar el escudo de la ignominia franquista, prueba palpable de la continuidad golpista... y se sigue manteniendo el estatus de familia especial para la prole del militar que ostenta la jefatura del Estado sin haber concurrido a elecciones.
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Nos encontramos en este punto, porque cuando las cosas debieron cambiar, todo siguió más o menos igual : a la supuesta refundación del viejo régimen, no se destituyó ni a un solo juez, ni a un solo policía, ni a un solo militar… y eso, tras casi cuatro décadas de despotismo uniformado.
Nada cambió : los núcleos de poder permanecieron intactos, concentrado las decisiones y sus beneficios en muy pocas manos, patrimonio exclusivo de una discreta elite empresarial que se sirve de caras públicas para manejar a su antojo y beneficio el producto del trabajo de toda la ciudadanía.
Estamos en 2008… pero los objetivos del éxito militar de 1939 siguen vigentes : en el flanco territorial, las armas garantizan la unidad de la patria y en lo tocante a la estructura económica de la sociedad, todo sigue igual : banca, industria, empresa, ejército, secta y medios acaparan todo el poder efectivo, acostumbrados a adoptar decisiones por nosotros ; decisiones que nos afectan en el día a día : en nuestra capacidad adquisitiva, en la estabilidad laboral, en la calidad de nuestros servicios sociales, en la socialización de la cultura, en la incorporación de la mujer al mercado laboral —a cambio de nada, observad el crecimiento de la capacidad adquisitiva de un núcleo familiar-tipo en los últimos 30 años—.
¿Qué mayor muestra de continuidad que mantener el escudo franquista hasta bien entrada la década de los 80 ? Incluso el ejemplar de honor de la Constitución —que permanece expuesto en la Sala del Reloj del Congreso de los Diputados, impreso en oro—, muestra claramente el escudo oficial del franquismo en su primera página. En estas condiciones, ¿quién se atreve a negar el continuismo institucional ininterrumpido ?
Los últimos presos sociales —encarcelados por su condición de homosexualidad— abandonaron las cárceles 18 meses después de haberse ratificado en referéndum el actual texto constitucional… Todavía en 1979 era ilegal llamarse Koldo o Jaume… Hace tres días yo mismo he sido condenado por « ultrajes a España », acusado de sustituir un símbolo impuesto por las armas y poner en su lugar otro, aprobado en las urnas. En fin… a nuestro pesar, Derecho y ley, no son la misma cosa.
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Los españoles llegamos a esta situación, a consecuencia de una clase política de auténtica ignominia histórica. Tenemos lo que nos merecemos, gracias a toda una generación de arribistas, embusteros patológicos, mafiosos y corruptos. Desde hace al menos 25 años, en España, en política, ser honesto está mal visto.
Estamos así, porque en el momento de la verdad, en lugar de asumir la responsabilidad histórica de liquidar el último reducto del fascismo en Europa, se alcanzaron… se cometieron los Pactos de la Moncloa. El núcleo de la Transición Española no fue más que un arreglo entre piratas :
Los delincuentes salientes pusieron un revolver sobre la mesa, y con extrema frialdad expusieron su posición : « Yo soy legal, pero ilegítimo, y tú, justo lo contrario ; pactemos pues : yo te legalizo y tú me legitimas. Hay pastel de sobra para los dos » [1]. Y una vez más, ocurrió lo de siempre : en algún lado, alguien decide por nosotros, y, a decisión tomada, nos enteramos por la prensa, reservándonos a lo sumo, un papel secundario : participar cada cuatro años en el truco de las circunscripciones y el reparto vía Ley d’Hondt ; elegir entre los pre-escogidos… consumir y callar.
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Pero estamos en 2008, lo sabemos bien. La primera responsabilidad de todo republicano serio, es saber en qué año vive, en qué contexto deberá desarrollar su programa político. No estamos en 1928, ni en 1931 ; no estamos en el 36, ni en el 75.
Investigar, conocer y difundir nuestra verdadera Historia, es necesario, pero no constituye un objetivo último, ni suficiente : debemos ser capaces de superar la etapa de conmemoraciones del pasado y concentrar todas nuestras fuerzas en la consecución de éxitos que algún día merezca la pena celebrar. El republicanismo no puede conformarse con la idea de ser un simple capítulo más, dentro de la estrategia de campaña electoral de este o aquel partido político. El movimiento republicano no puede convertirse en una simple comisión de fiestas patronales, cuyo propósito sea el de organizar un par de eventos al año. Los ateneos no son « centros de día » para contentar a cuatro nostálgicos. No permitamos que lo que debería ser una red de agitación intelectual derive hacia una suerte de televisión sin pantalla.
Hay que intervenir en política activa. Debemos republicanizar los programas electorales de todos los partidos políticos que no defiendan el fascismo. Debemos organizarnos, integrarnos, hacer proselitismo… hay que hacer pedagogía democrática… porque no se puede desear aquello que no se conoce. Frente a nosotros se encuentra el resultado de más de siete décadas de propaganda militar en un solo sentido : « el caudillo es bueno », « tenemos democracia gracias al rey », « Franco caudillo de España por la Gracia de Dios », « Juan Carlos también », « Felipe… ¡Qué alto es ! », « Su Excelencia el Jefe del Estado es muy campechano y por eso se salta el protocolo », « Su Majestad apenas se mete en política »… casi todo está por hacer. Demasiados años de triunfo de Goebbles.
Pero no importa, no hay lugar para el desánimo : en los últimos cinco años, más de un 20% de la ciudadanía ha tomado consciencia del engaño masivo que supone pretender —en pleno S. XXI— que alguien pueda nacer llamado a estar por encima de nuestro máximo cargo electo. Y cada día que pasa, ese porcentaje va en aumento. La monarquía es un embuste insostenible. Una religión sin cielo. Un credo extemporáneo, basado en el establecimiento de un modelo social sado-masoquista.
Aquí y ahora, la ciudadanía se enfrenta a un compromiso ineludible : la espera terminó. Estuvimos esperando durante mucho tiempo, pero esperábamos a hoy. Es preciso aprovechar que la necesidad es el mejor acicate para que los trabajadores piensen y levantar nuestra voz, reclamando un cambio de base, de nuevo y para siempre. Ante nosotros, tenemos la grave responsabilidad de cuestionarlo todo, para refundar los cimientos de otra forma de organizar nuestras instituciones públicas y ponerlas al servicio de la ciudadanía. Debemos ser capaces de mirar al rey a la cara y espetarle : « ¿Qué haces con mis cosas ? ¡Largo ! ». Atrevernos a conocer para reflexionar por nosotros mismos… a superar nuestra adicción al consumo de pensamientos prefabricados… Debemos conocer la Ley Electoral ; saber por qué nos suben los precios de nuestras casas, años después de haberlas comprado ; tenemos la obligación de conocer el funcionamiento de nuestras instituciones públicas, para ser conscientes de hasta qué punto vivimos dentro de en una inmensa ratonera para trabajadores.
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La República no es solo un sentimiento anti-monárquico, no confundamos la parte con el todo : el rey no importa. Por supuesto, su empleo no puede existir en el seno de un país libre, pero ese es tan solo un detalle más dentro de todo el proceso democratizador.
Está claro que el régimen es mucho más que el autócrata que lo encabeza. Sabemos que su existencia responde a un complejo entramado de estructuras de poder que se fundamentan en una falsedad tan grande, que bien podríamos llamarla « credo sectario »… sí : la monarquía es solo un credo y como tal, se desvanece con el conocimiento y la razón crítica. Un credo especial, que goza de un sólido soporte legal… que sin embargo no impide que algunos afirmemos con calma y sin odio : yo no creo en el rey… esencialmente, porque estoy convencido de que el monarca no es mejor que cualquiera de los que hoy estamos en esta sala.
Es correcto afirmar que el rey es un símbolo : simboliza justo lo contrario de lo que nos han contado. El monarca es el emblema de la injusticia. Incluso por definición etimológica : la monarquía —o « el gobierno de uno »— es el antónimo natural de de la democracia —o « el gobierno del pueblo »—. En fin, desdramaticemos : el rey sobra, pero no solo sobra él, sobra él y todo lo que representa : un estilo de gobernar de espaldas a la ciudadanía.
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Que nadie se lleva a engaño : suprimir al rey no supondrá el advenimiento de la Utopía, repúblicas las hay de muchos tipos, desde los regímenes expansionistas-genocidas como el alemán de los años 1940 o el estadounidense de nuestros días ; hasta Estados más cercanos a los valores republicanos.
No basta con quitar al rey para que todo se arregle ; ni se trata de introducir un color más en la bandera y esperar a ver qué ocurre… como si un color más bastase para erradicar la injusticia social. La República es otra cosa… una vez más, no hablamos de símbolos sino de los valores que éstos simbolizan :
Al hablar de República, hablamos de una mayor separación y recíproco autocontrol de los poderes del Estado ; hablamos de respeto a las garantías constitucionales… de no conceder espacio a la impunidad ; hablamos de un mayor control, transparencia y austeridad en el gasto público ; hablamos de poner el Estado al servicio de los trabajadores ; de recuperar la legitimidad institucional ; de sentirnos orgullosos de reconocer nuestra capacidad para decidir sobre los asuntos que nos afectan, sin imposiciones, ni miedo, ni más límite que el alcance de la razón.
Cuando nos devolvamos la República, recuperaremos algo que nos pertenece. Algo que nadie podrá reivindicar como de su exclusiva propiedad, porque esa propiedad corresponderá a todos por igual.
La República no yace en Montauban, ni en el coso de Badajoz o en los caminos de Málaga… algunos no se dan o no se quieren dar cuenta, pero lo cierto es que podemos ver a la República durante el afeitado, o al desperezarnos ; vemos la República cada vez que entramos en el metro o subimos a un tren de cercanías ; al entrar en el aula, en el taller o en la oficina : allí está la República. En cada amigo, un ciudadano y en cada adversario, tan solo un voto más.
La impostura toca a su fin. Ya es hora de que alcemos nuestra voz para gritar bien alto que nuestro Estado tiene 44.000.000 de monarcas, o esos, o ninguno, pero no estamos dispuestos a seguir permitiendo que la voluntad de una sola familia se imponga a la de 15.000.000 de ellas, diversas y humildes, pero tan dignas como cualquier otra.
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Llegados a esta situación, debemos cuestionar, formarnos, organizarnos para avanzar, recuperar espacios para la palabra, la razón y las urnas. Juntos podremos… tengamos por seguro que todo cuanto hace falta está en nuestra mano. Necesitamos honestidad : apostar por hombres y mujeres que digan lo que piensan y hagan lo que digan. Hacen falta inconformistas. Necesitamos ciudadanos insolentes ; personas libres de cualquier parte y condición… solo hace falta despertar, darnos cuenta de que somos más, y que —aunque pueda parecer lo contrario—, cuando menos tenemos, solo nos queda lo que nunca nos podrán quitar : la razón, la confianza en la mayoría, el espíritu desprendido, la sincera disposición para poner el bien común por encima del interés particular… y todo eso está en nuestra mano.
ignoremos cualquier efecto político del golpe de Estado de 1936 : renunciemos a la idea de que la fuerza contra las personas proporciona la razón a quien la ejerce. En consecuencia, renunciemos al uso de la violencia como instrumento de política.
Asumamos la tarea de retirar los símbolos propios o apropiados por el franquismo : retiremos las banderas antidemocráticas de los lugares públicos : edificios, embarcaciones y demás. Sin violencia ni odio, como un gesto normal : arriemos las banderas rojas y amarillas y entreguémoslas en los museos de Historia Natural.
Eliminemos toda referencia al símbolo de la corona, antónimo natural de las urnas, para dejar claro que aquí nadie es más que nadie, y que, con el debido respeto a las minorías, debemos estar a lo que mande la mayoría.
Ignoremos cualquier autoridad en la persona del rey. ¿Un rey ? ¿Un rey por qué ? ¿Para quién ? ¿Por cuánto ? ¿Hasta cuándo ? ¡Seriedad, por favor ! Estamos en 2008.
Boicoteemos cualquier acto público de exaltación de lo antidemocrático. Neguémonos a enviar a un soldado en nuestra representación. Hagamos como los griegos : ellos descubrieron la Democracia, y descubrieron también que a los monarcas cómplices de los regímenes dictatoriales se les debe mantener lo más lejos posible.
Exijamos la derogación de las leyes franquistas, las antidemocráticas y en general, de todas las que sean contrarias a la letra o el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Propiciemos el inicio de un proceso constituyente : participativo, fraterno, democrático y por supuesto : desde cero.
¿Imagináis a Felipe VI como inmediato superior de nuestro máximo representante electo, un nuevo monarca vitalicio y hereditario, mandato irrevocable, ajeno a la jurisdicción penal, con presupuesto ilimitado, opaco y mando supremo sobre las Fuerzas Armadas ? Yo no. Y no logro imaginarlo por una razón muy simple : « España ha dejado de ser monárquica » [2].
Por esta y otras mil razones, por que somos, por la imposibilidad de permanecer indiferentes ante la injusticia, en defensa de todos, contra nadie… aquí y ahora, enarbolar una bandera tricolor republicana es sinónimo de afirmar : henos aquí, somos el Pueblo y estamos resueltos a gestionar nuestros asuntos, para trabajar por nuestras soluciones y convertirnos en protagonistas activos de nuestro propio futuro, de nuevo, y para siempre.
¡Vivan los trabajadores !
¡Viva la República !






