Desde hace bastante pienso que los paraguas son un invento estancado. Usamos paraguas similares a los de hace años, y aunque no realizan bien su función, los seguimos usando. No realizan bien su función porque seguimos mojándonos cuando llueve, no sirven de nada si hace viento y son incomodísimos de llevar. De la misma forma que los paraguas no evolucionan, tampoco evolucionan las formas de aplicar justicia. A la hora de imponer una condena, el juez tiene varias opciones, y una de las más usadas sigue siendo la cárcel. La privación de libertad en aras de reeducar y reinsertar al delincuente para que no vuelva a delinquir, pero lo que se consigue es algo bien distinto. La tasa de reincidencia es altísima, por lo tanto estamos privando de libertad a gente sin obtener nada a cambio. Estamos haciendo añicos uno de los principales derechos de todas las personas para nada.
Seguimos mojándonos
Los paraguas consiguen casi siempre que no nos mojemos la cabeza, aunque estemos empapados. La cárcel nos proporciona una falsa sensación de seguridad a los que seguimos libres, mientras sigue habiendo delincuentes. Se hace mucho más por castigar al que ya ha delinquido que por prevenir el delito. Se castiga más que se educa. Eso sólo puede verse como un problema de la sociedad (entremos todos y sálgase el que pueda). Cuando hay gente que ve necesario imponer cadena perpetua, estamos muy cerca de que se pida la pena de muerte. Debemos concentrar nuestros esfuerzos en que la gente no sienta necesidad de cometer un delito. Y digo sentir la necesidad, porque aunque cometer delitos no es algo que nadie necesite, si puede percibirse así. El marido machista que golpea a su esposa para reafirmar su masculinidad no lo hace por gusto, sino porque necesita reafirmar el rol con el que ha crecido dentro de la sociedad (con el que la sociedad le ha permitido crecer). De nada sirve aumentar las penas de cárcel para los maltratadores, puesto que la necesidad que sienten de controlar y someter a su esposa les ciega la razón y no piensan en las consecuencias de sus actos. De hecho, cuando se han percatado de las consecuencias, muchos de ellos acaban intentando suicidarse. La respuesta a este problema social la encontraremos en más educación y menos machismo, no en más cárcel.
¿Y si hace viento?
Cuando llueve y hace viento, el paraguas no es la mejor opción. Quizás sea mejor un impermeable. De la misma forma, hay algunos delitos para los que la cárcel no tiene sentido. La cárcel podría estar justificada si se consigue proteger a la sociedad, si sólo el hecho de que un individuo esté en libertad puede provocar daños graves al resto de la sociedad. No es desde luego, el caso de un alcalde corrupto. El problema de un alcalde corrupto no se soluciona llevándolo durante un año a la cárcel, sino impidiendo que vuelva a ocupar un cargo público. La sociedad está tan protegida como teniendo al alcalde en la cárcel, pero ahora el individuo puede hacer algo por los demás. Aunque sea cotizar a la Seguridad Social. Además, ¿qué sentido tiene la cárcel si lo que realmente se le puede y debe exigir es la devolución del patrimonio malversado? Quizá su condena pueda consistir en pagar un impuesto más sobre su sueldo, hasta que salde así su deuda con la sociedad.
Incómodos de llevar
Llevar un paraguas en la mano es incómodo, y además nos deja sin una mano disponible, por lo que se vuelve algo costoso en recursos manuales. Las instituciones penitenciarias en general tienen un coste abrumador para el Estado. En el último ejercicio, más de mil millones de euros fueron consignados a Instituciones Penitenciarias dentro de los Presupuestos Generales del Estado. No sólo por las razones de justicia y derechos anteriormente expuestas, sino por mera conveniencia económica, nos convendría buscar una forma más eficiente de gastar el dinero que redundara en una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos: por ejemplo, porque a través de programas de educación disminuya la tasa de reincidencia. O porque en lugar de privar a alguien de libertad, se le puede controlar de forma remota, durante un tiempo determinado y garantizándole privacidad. De este modo, la reinserción se produce durante la condena, mientras el condenado lleva una vida normal.
Está claro que no soy un experto y que mis propuestas son poco concretas, pero quizá ha llegado la hora de que, aunque no se encuentre una solución perfecta, al menos se intenten explorar otras vías, sin quedarnos estancados haciendo lo mismo que desde hace siglos.






