Jesucristo ya advertía que una de las principales "virtudes" del mal era la perseverancia. Pues bien, mientras causaban la crisis

- CEOE
- Confessions of an English Opium Eater
propusieron una jornada de 65 horas laborales. Ahora que es un hecho piden una serie de brutalidades en pleno diálogo social que incluyen el despido libre. Y lo incluyen mientras mienten y dicen que les sorprende la violencia del resto de interlocutores ante un malentendido. No es el Gobierno el Jesucristo indignado que ha expulsado a los mercaderes del templo del diálogo social, en esta ocasión Jesucristo es el estado del bienestar representado en cada uno del resto de sus actores.
La CEOE, expresa la "soberbia" en las caras de sus dirigentes mientras mienten descaradamente, mientras a micro abierto despedazan cualquier opción de neutralidad política. Sus sonrisas veladas cuando hablan del manifiesto malentendido marcan las arrugas fabricadas por la "avaricia" de sus propuestas. Entre sus acusaciones jamás estará la más mínima denuncia a los actos de"lujuria" de sus referentes empresariales internacionales, no hace falta que nombre a Berlusconi, es obvio. La "gula" está en querer reservar la opción al elitismo de las buenas costumbres, está en volver a convencernos de que siempre ha habido clases. Hay tanta "pereza" en sus pasos por reconocer los logros sociales obtenidos durante tantos años, que en nada extraña la "envidia" (resentir las cualidades, bienes o logros de otro porque reducen nuestra auto-estima) ante el poder social siempre emergente de la clase trabajadora. En definitiva, la indignación nos une para rechazar a los mercaderes del templo, su "ira" contenida es solo la muestra de su aguerrido talante por buscar constantemete las soluciones empresarial
Curioso que una institución como la CEOE, en la que muchos de sus máximos dirigentes están inscritos en diversas orgaizaciones religiosas católicas conservadoras, represente claramente en sus actos no sólo a aquellos mercaderes si no a los siete pecados capitales con tal nitidez. Sin duda, Jesucristo los volvería a echar hoy del templo, y ellos, tan conscientes de su catolicismo (que no de su cristianismo) alegarían que ese Jesucristo indignado carece de legitimidad moral, que no es otro que el segundo profeta en importancia del Islam.es en la rebaja de los derechos del trabajador.






