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La crisis energética como oportunidad

Lunes 25 de agosto de 2008, por Alberto Garzón Espinosa


El consumo es la base del sistema económico actual, y sin él este capitalismo nuestro tiene los días contados. Precisamente por esta sencilla razón la industria publicitaria se obstina en incentivar las compras ciudadanas aunque, por supuesto, arguyendo otras razones bien diferentes. El consumo puede hacerte o no feliz, como rezan los anuncios modernos en cualquier plataforma que se preste a difundir mensajes de esta naturaleza, pero lo que está claro es que forma parte de la base misma del sistema.

La relación entre el consumo y la producción se asemeja mucho a la del huevo y la gallina. Sin un consumo suficiente las empresas no logran vender los productos que han creado y, en consecuencia, se reduce su tasa de beneficios. Esta reducción implicará, tarde o temprano, una restructuración empresarial que se traducirá inevitablemente en el despido de gran parte de sus trabajadores. Pero estos trabajadores son también los consumidores en una economía, de forma que sin salarios carecerán de fuente de ingresos para, paradójicamente, ayudar a levantar el sistema mediante el consumo. Si el sistema no logra incentivar la demanda agregada, bien a través de un milagro o bien a través del gasto público, la situación puede volverse técnicamente insostenible.

La crisis económica actual tiene mucho que ver con esa dinámica del sistema de conducir ad nauseam a los ciudadanos hacia el consumo, incluso cuando éste esta fuera de sus posibilidades. Así es como hemos llegado a niveles de endeudamiento privado tan elevados. Y es que, como no resultará difícil de entender, el liberalismo propugna el equilibrio presupuestario siempre que éste sea de naturaleza pública, pero por el contrario incentiva el privado a fin de continuar una lógica que beneficia a los más ricos. De dos formas además. En primer lugar porque el consumo alimenta las desigualdades en tanto que sirve para reproducir las relaciones de producción capitalistas, es decir, beneficiando especialmente a los propietarios de las empresas. Y en segundo lugar porque el endeudamiento tiene una doble función más: esclavizar al endeudado y establecer un canal de transimisión de dinero hacia los prestamistas (fundamentalmente bancos) a través del interés.

La oferta crea la demanda, pero de forma subjetiva y no técnica. La oferta se encarga, utilizando el poder que concede el dinero en esta sociedad nuestra, de convencer y atraer un consumo que es su alimentación necesaria para sobrevivir. Estamos hablando, por supuesto, de las necesidades creadas más allá de los límites naturales que el ser humano tiene. Necesidades que, por otra parte, nos esclavizan y nos sumen en un torrente inacabable de deseos insatisfechos, con su lógica repercusión en nuestro estado de ánimo.

Pero el sistema capitalista está construido no sólo bajo la dinámica de un consumo permanentemente en alza, sino que también se sustenta en la utilización de unos recursos energéticos baratos que permiten que dicho consumo sea creciente. Pero estos recursos baratos, los combustibles fósiles (y más concretamente el petróleo), se están agotando sin que nada pueda hacerse por evitarlo. Porque el mercado es una construcción social, pero la lógica de la escasez de recursos es una ley natural.

El petróleo se ha convertido en un pilar básico de este sistema económico. El ser humano vivió miles de años de la energía solar, pero nosotros nos hemos acomodado a otro recurso del que nos hemos hecho adictos. Es hoy fundamental para el transporte y para la agricultura. El transporte sirve de canal para el sistema productivo, de forma que su encarecimiento progresivo hará inviable los niveles actuales de consumo. Los centros de consumo y producción tendrán que reposicionarse y aproximarse en el espacio, y la globalización sufrirá un repliegue obvio. El sistema al completo tendrá que ser modificado.

Las alternativas al petróleo no están claras. La energía nuclear no sólo es altamente peligrosa y contaminante, sino que además carece de las características que han hecho al petróleo tan importante (la facilidad del transporte, por ejemplo) y se basa en el uranio que es, también, un recurso escaso. Y las energías renovables no tienen rendimientos tan altos como el petróleo, amén de que tampoco responde a todas las características idóneas de éste. Lo que significa que una cosa está clara: sea cual sea la opción que se use finalmente como alternativa, la sociedad tendrá que verse obligada a reducir sus niveles de consumo. Y siguiendo el razonamiento con el que comenzamos esta anotación sabemos que es evidente que el sistema se encontrará en una situación crítica. Y la crisis, decía, debe afrontarse como una oportunidad. Una oportunidad para construir un modelo de vida diferente en la que nuestra bandera no sea el crecimiento económico, nuestra esclavitud no sean las necesidades artificiales y nuestro destino deje de ser trabajar para consumir.

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