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La simbiosis parásita

Miércoles 28 de mayo de 2008, por Antonio Foncubierta Rodríguez

Llevamos años creyendo que nosotros somos el intestino y ellos las bacterias... cuando en verdad es al revés y usan nuestro intestino para asaltar otros países, combatir el terrorismo internacional con terrorismo de estado y guerras preventivas, o para transportar moritos a campos de concentración... en Cuba, ¿otro intestino?

Según la Real Academia, una simbiosis es una asociación de individuos de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común. Los humanos vivimos en simbiosis con las bacterias de nuestro intestino, ellas nos ayudan a digerir y aprovechar los alimentos y a cambio le damos un sitio calentito donde vivir. No tiene nada de malo, sino que es beneficioso. Sobre todo desde nuestra óptica, claro, que somos los grandes, poderosos y podemos aniquilarlas con algunos antibióticos (para sustituirlas más tarde por otros socios si fuera necesario).

Lo mismo pasa en las relaciones internacionales y de interior de España. Hace años, nos vendieron la moto de la simbiosis. Nos convencieron de que asociarnos con otros individuos en una simbiosis llamada OTAN era beneficioso. Y mucho antes, durante la dictadura, nos metimos en otra simbiosis con los Estados Unidos de América. Los dejamos entrar a nuestro interior, como a las bacterias de nuestro intestino, porque nos resultaba beneficioso. Llevamos años creyendo que nosotros somos el intestino y ellos las bacterias... cuando en verdad es al revés. Ellos son los grandes, y en la práctica mandan. Mandan tanto que usan nuestro intestino para asaltar otros países, combatir el terrorismo internacional con terrorismo de estado y guerras preventivas, o para transportar moritos a campos de concentración... en Cuba, ¿otro intestino?

Cuando los individuos no sacan provecho el uno del otro, sino siempre unos a costa de otros, la Real Academia no los llama simbiontes, los llama huésped y parásito: «Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo». Y no podría ser mejor la ocasión que ahora que se cumplen sesenta años de la declaración de los derechos humanos para reivindicar, si es que nos queda alguna fuerza, que las bases aéreas estadounidenses en territorio español no son bacterias en nuestro intestino, sino parásitos que empobrecen los valores democráticos y de respeto a los derechos humanos de España.

No se trata de estar a favor ni en contra de los Estados Unidos, que han aportado avances tan valiosos como atroces sus errores a lo largo de su corta historia, sino de condenar su comportamiento parásito en nuestro territorio. Haber permitido su entrada pudo ser un error, pero entonces no teníamos voz que respaldara nuestra voluntad. Ahora que tenemos voz, ¡qué paradoja! parece que ya no nos queda voluntad.

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Director: Farid Othman-Bentria Ramos (correo y sitio web). “La Democracia” - Informativo progresista republicano. NIF: 77.114.541-A. Fecha: 01-08-2010. Hora: 06:09:48.