Pero planteemos el aniversario en femenino y desde este pedazo de Europa que ocupamos desde hace siglos. Este 2008, por ejemplo, celebramos con orgullo los cien años del nacimiento de Simone de Beauvoir, feminista insigne y militante, y de Mercè Rodoreda, novelista catalana con una actitud feminista en su vida personal y profesional. Los medios de comunicación han hablado de ello y se han organizado diversos actos conmemorativos, especialmente en Francia y en Cataluña.
Además de estos centenarios, desde Cataluña deberíamos celebrar el 75 aniversario del reconocimiento del derecho a voto de las mujeres, que fue aprobado el 25 de mayo de 1933 por el Parlamento catalán en pleno gobierno de la Generalitat republicana. Pero en esa fecha ningún periódico dio noticia de ello, ni siquiera en un recuadro marginal escrito con letra pequeña. ¿Por qué ese silencio? ¿Es que 75 años no son nada? ¿Es que el acceso de las mujeres a la plena ciudadanía no merece ser recordado y celebrado en un país democrático? Tengo una respuesta para ello. Y es que al fin y al cabo, la historia se repite. Porque las mujeres, digan lo que digan, interesamos más bien poco.
Discusiones y peleas con hombres parlamentarios y compañeros de partido (y disputas con Victoria Kent, por supuesto), además de sudor y lágrimas le costaron a Clara Campoamor y a las asociaciones de mujeres que le apoyaban conseguir la aprobación del sufragio femenino en las Cortes españolas, el uno de octubre de 1931. El papel pasivo que jugaron ahí los parlamentarios masculinos ya dice mucho. Para centrarnos en los catalanes, de los 53 representantes sólo asistieron a la sesión 21, cifra que es menos de la mitad. Y de esos 21, 15 votaron a favor del voto de las mujeres y 6 en contra. Y no crean que sólo votaron a favor los de izquierdas, no. Votaron a favor, por ejemplo, Lluís Companys, pero también Manuel Carrasco i Formiguera, que era de derechas. Y uno de los votos en contra fue el del poeta y periodista Gabriel Alomar, militante de la Unión Socialista de Cataluña.
En aquel lejano 1931 ya se habló poco de la aprobación del sufragio femenino en la prensa española y catalana. Para que vean cómo fueron las cosas, La Veu de Catalunya, el periódico de la Lliga Regionalista de Catalunya informó con unas breves notas, pero no dedicó ningún artículo de fondo al tema durante el mes de octubre. El Diluvio, órgano de expresión de los partidos radicales de izquierdas, publicó artículos en contra del sufragio femenino, incluyendo los insultos a las mujeres. En cambio, La Humanitat, el periódico de ERC, imprimió artículos de apoyo al voto femenino. Si no me equivoco, fue el único.
¿Quieren otro ejemplo del silencio sobre el tema? Pues vayamos a la televisión. Hace poco, TV3 emitió una serie sobre los años de la II República, una mezcla de ficción y de documental en trece capítulos titulada Los diarios de Pascal. La serie, que contaba con el asesoramiento de historiadores, no hace ninguna referencia al tema del sufragio femenino, que entonces se debatía con pasión en los parlamentos (catalán y español) y en la calle. No se homenajean a las mujeres catalanas que se implicaron activamente en la campaña en favor del Estatuto de 1932, cuando recogieron miles de firmas de apoyo porque ellas no podían votar en la consulta. Ni tampoco se muestran en la pantalla las importantes movilizaciones de las mujeres con motivo de las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña, convocadas para el 20 de noviembre (vaya fecha, premonitoria!) de 1932. Las mujeres catalanas, tanto las de derechas como las de izquierdas, se apresuran a elaborar un censo electoral puesto que su inexistencia era el argumento que se les daba desde el gobierno de la Generalitat para impedirles el voto. Entonces todavía no había llegado su hora y, como siempre, las mujeres tuvieron que esperar un poco más que los hombres. No pudimos elegir a nuestros representantes al Parlamento de Cataluña hasta 1980, después de los oscuros años de la dictadura franquista. Casi cinco décadas más tarde que lo hicieran por primera vez los hombres.
Pero no crean que esta situación de menosprecio por los derechos políticos de las mujeres se dio sólo en Cataluña. Los hombres y los políticos catalanes no son distintos en este sentido a los de otras latitudes. En la Revolución Francesa, las mujeres que reivindicaron por primera vez el voto de manera colectiva se vieron atacadas por sus compañeros masculinos. Lo mismo les ocurrió a las sufragistas y suffragettes inglesas y americanas en el siglo XIX y a comienzos del XX. Parecen tiempos lejanos, ¿verdad? Pero ya verán como la historia se repite. En Estados Unidos, los políticos aprobaron antes el sufragio de los hombres negros (1865) que el de las mujeres (1920). ¿Por quien apostaban ustedes, por Barck Obama o por Hillary Clinton?






