Llevamos años practicando el capitalismo, liberalizando y dejando mucho en manos del santo mercado, que todo lo puede y que todo lo regula y que nos traerá crecimiento y prosperidad a ¿todos?. Pero esto son sólo cuentos de viejas y la realidad es bien distinta.
Los tres cerditos telecos
En el cuento, la libre competencia de los cerditos conduce a unas casas cada vez mejores, porque cada uno intenta construir la mejor posible. En la realidad, las tres operadoras de telefonía móvil, en lugar de competir entre sí, y conseguir disminuir los precios proporcionando mejores servicios, proporcionan servicios mediocres a altos precios. ¿Qué es lo que falla? Pues que en la versión liberal del cuento, no nos dicen que si no hay lobo, no hay competencia. La competencia no existe porque sí, porque los cerdos pueden acordar un pacto de no agresión que mantenga a todos los cerdos a salvo. Si el Gobierno no interviene para forzar la existencia de competencia, los cerdos estarán cada vez más gordos y rollizos. Una bonanza macroeconómica, que colocará al país de los cerdos en primera línea mundial, pero que sólo beneficiará a los cerdos y no a los ciudadanos.
La lechera inmobiliaria
Este cuento, del que existe una versión actual llamado La lechera petrolífera, narra la historia de una joven empresaria que con los beneficios que obtendría de una venta lograría comprar más bienes para seguir vendiendo y vendiendo hasta hacerse millonaria. En la realidad, ha habido muchos empresarios inmobiliarios que se han hecho inmensamente ricos, siguiendo el workflow de la lechera. Pero ahora hay muchos que están perdiendo dinero, y arrastrándonos a todos a una «desaceleración» que nos puede hacer perder logros sociales. ¿Qué es lo que no nos contaron los liberales en el cuento? La especulación debe tener un límite y sobre todo, debe hacerse con vistas a no crear una burbuja. La lechera tropezó y se quedó sin leche, y toda su burbuja se vino abajo. Eso ha pasado en la realidad, pero ni los empresarios ni el Gobierno hicieron lo suficiente para detener las ensoñaciones de la burbuja. Siguieron construyendo cuando el mercado ya estaba saturado, siguieron alzando los precios cuando ya no era posible. Y todos lo consentimos. La pena es que en esa burbuja inmobiliaria había muchos sueños de mucha gente, y ahora se ven con el agua al cuello y el Gobierno ya no tiene dinero para echarles una mano.
Moraleja
Los cuentos estaban bien, porque mostraban la parte buena y la parte mala. En los cuentos hay un lobo o una piedra, que interviene para poner límites o para forzar la competencia.
A estas alturas es imposible cambiar de paradigma económico, no podemos sino sostener el sistema liberal mientras sea posible (hasta que la economía mundial lo soporte). Pero eso no quita para que el Estado, en nombre de todos, intervenga en sectores estratégicos: energía, vivienda, alimentación.
Es tarde para evitar la explosión de la burbuja inmobiliaria. El mercado del petróleo es a todas luces otra burbuja, pues se han duplicado los precios cuando se ha mantenido tanto la oferta como la demanda. Y esta burbuja está afectando también a la alimentación. Por eso, ahora más que nunca, se hacen necesarias políticas alternativas en lo que a energía se refiere, porque el mercado del petróleo escapa a nuestro control.
Nos encontramos de nuevo ante una paradoja: cuando pudimos evitar la burbuja inmobiliaria, no quisimos hacerlo; y ahora que hemos aprendido lo malo que es que reviente una burbuja, no podemos evitar la del petróleo.






