El catalán Román Gubern (1934) es uno de los especialistas más prestigiosos del mundo de la comunicación social. Incluso algunos le otorgaron el extraño título del «Umberto Eco español». Investigador del Massachusetts Institute of Technology y profesor en la University of Southern California (Los Ángeles) y el California Institute of Technology (Pasadena) y director del Instituto Cervantes en Roma. Ahora es catedrático emérito de Comunicación Audiovisual de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Gubern es autor, además, de los libros El lenguaje de los cómics (1972), Mensajes icónicos en la cultura de masas (1974), La censura: función política y ordenamiento jurídico bajo el franquismo (1981), El simio informatizado (Premio Fundesco, 1987), Del bisonte a la realidad virtual (1996), El Eros electrónico (2000), Máscaras de la ficción (2002) y Patologías de la imagen (2004), entre otros.
¿Es equiparable el actual movimiento antiglobalización con la revuelta de Mayo del 68?
No, son muy distintos. Es verdad que ambos son globales porque Mayo del 68 fue en París, en Berlín, en Berkeley, en Tokio, en México. Pero el mundo era distinto. Mayo del 68 surge de una paradoja: en una sociedad opulenta como era aquella, los jóvenes pueden percibir las disfunciones políticas del sistema de consumo y eso los lleva a la contestación. Hoy día, en cambio, hay una conciencia de que o salvamos el mundo o pereceremos con él. La paradoja del 68 está en que, como fruto del bienestar, los jóvenes cobran una autonomía personal que los lleva a oponerse a un Estado considerado antiguo y represivo. Esto tiene dos derivaciones, una de tipo romántico y hedonista, el movimiento hippie y su retorno a un ideal preindustrialista, a la arcadia idílica de la comuna; y el movimiento político revolucionario, paradójico también a su vez porque se inspira en dos ideologías contrapuestas, el maoísmo y el anarquismo, que se dan de patadas. Y ahí es interesante ver cómo queda descolgado el Partido Comunista, el modelo soviético, del anarquismo de Cohen Bendit y el maoísmo de Sartre. El Partido Comunista, que es un partido de orden, acaba siendo, sobre todo en Francia, un elemento de apaciguamiento y pacta con el Estado y los sindicatos mejoras laborales reformistas. Y así termina la explosión.
¿Cuál es, entonces, la herencia de Mayo del 68?
De ahí surgieron varias cosas: la conciencia ecologista, la libertad sexual, la despenalización de la pornografía, la píldora anticonceptiva que permitió a la mujer disociar sexualidad y reproducción, el movimiento gay, el feminismo, en fin, el gran cambio fue a nivel de las costumbres y los usos. José Luis Rodríguez Zapatero puede tener más mujeres que hombres en su gabinete porque el estatuto social de la mujer cambia a partir del 68. No se cambia el mundo, pero se cambian las costumbres, que no es poca cosa. Tuvo sus claroscuros, se buscaba el Edén, pero unos y otros fracasaron. No obstante, han quedado unos flecos de los cuales todavía vivimos hoy.
¿Cree que los jóvenes de hoy tienen espacio para la transgresión?
Le puedo hablar desde mi experiencia de profesor de chicos en la veintena. Para ellos, la sexualidad ya no es un problema como lo fue para mi generación. Tienen pocas cosas que reivindicar, como no sean cosas tan elementales como un empleo estable y bien pagado. Quieren estabilidad económica, dinero, objetos materiales, todas aspiraciones burguesas entre comillas, aunque legítimas. Es verdad que internet ha creado una nueva tribalidad, las famosas comunidades virtuales donde la comunicación ya no es sensorial ni sensible sino electrónica. Son amigos que hablan por el móvil, se envían mails, faxes, chatean, pero nunca tienen tiempo para verse. No hablamos de África, claro. No obstante, he leído una estadística muy curiosa según la cual en en las sociedades europeas desarrolladas menos del 40% de la población adulta está informatizada, pero el 70% de esa proporción está entre los 15 y los 25 años.
¿Y en América Latina ocurre lo mismo?
Humm, no creo que eso se dé más que en países como la Argentina, Chile o México. Pero, mire, veo que mis amigos y compañeros —yo tengo 73 años— no son adictos ni asiduos del ordenador. La gente está más comunicada, pero tiene menos relaciones interpersonales, lo cual es malo.
¿Interfiere negativamente esta comunicación en los hábitos de lectura?
Probablemente. Los juegos de las videoconsolas y la realidad virtual constituyen una pseudorrealidad alternativa, perceptivamente hiperrealista, pero ontológicamente fantástica, que actualiza la vieja reprimenda de Pascal, cuando escribió: «¡Qué vanidad la de la pintura, que provoca la admiración por el parecido de las cosas, de las que no se admiran los originales!». Ese espacio ilusorio que constituye la razón de ser de la realidad virtual y que llamamos ciberespacio, además de ser un producto tecnológico, es una transformación cultural de subido interés y aún desconocidas consecuencias. Es más cómodo estar ante la videoconsola que ante un libro.
La mayoría de los niños están cautivos de la playstation, y si se les propone la lectura o la escucha de un cuento, contestan que «¡eso es muy aburrido!».
¡Curioso! Los videojuegos son muy adictivos porque es un cine interactivo y participativo. Además ya han dejado de ser juegos exclusivamente para niños y adolescentes. Tienen un aspecto positivo: educan la percepción sensorio-motriz. Nosotros pertenecemos a una cultura literaria y ellos a una cinética. Pero tienen un componente de violencia bastante perniciosa, aunque algunos psicólogos dicen que sirven para descargar agresividad...
¿Pulsión de muerte?
Exacto; como la catarsis de Aristóteles. Algunos teóricos sostienen que eso es bueno, pero este terreno es tan nuevo que sus virtudes y defectos están aún en un debate colectivo. ¿Sabía que el sector de los videojuegos es el que más dinero recauda de toda la industria audiovisual? Cuando se publica Harry Potter y se hace la película y se editan los DVD y luego se ve en televisión, donde más dinero gana Harry Potter es en la etapa final que es el videojuego. Por lo tanto, está cambiando mucho el paisaje, el joven tiene hoy otras golosinas, que se corresponden con el paradigma tradicional por el que la clase obrera ha luchado durante siglo y medio. Es decir, se ha producido una identificación con las necesidades primarias de la clase obrera, sin pertenecer a ella porque es gente que tiene estudios universitarios, que gozan de unos lujos relativos, viajan, salen de noche; cualquier joven europeo ha visto más mundo del que pudo haber visto Luis XVI o Napoleón. La técnica y la venta a plazos ha ampliado el mundo a la gente, siempre refiriéndonos al «balneario», claro.
Ignacio Ramonet afirma que vivimos en un triángulo formado por la seguridad como ideología, la competitividad como meta de vida y el sálvese quien pueda individualista como norma. ¿Qué opina?
Habría que matizar mucho. Una gran parte de la ciudadanía española es «mileurista» (los que ganan 1.000 euros al mes, equivalentes a unos 5.000 pesos) y sobrevive con serias dificultades, y en ese sentido, si es a ellos a quienes Ramonet se refiere con el sálvese quien pueda, es verdad. Pero también hay que decir que esos mileuristas, a pesar de la escasez de sus recursos, pueden vivir en las ciudades desarrollados. Y aquí hasta los pobres son medio ricos comparados con Uganda o Bolivia o Haití. El pobre de aquí tiene más confort que el pobre del Tercer Mundo. Y la brecha entre Norte y Sur se sigue ampliando.
Hablando del Tercer Mundo, ¿hace mucho que no va a la Argentina?
Estuve hace dos o tres años, presidiendo el Festival de Cine de Mar del Plata e invitado por el Malba para presentar mi libro Máscaras de la ficción. Lo que no comprendo de la Argentina, porque no soy economista profesional, es cómo se ha pasado de la depresión económica, de la caída moral que provocó el hundimiento del corralito a una imagen de prosperidad, consumo y optimismo voluntarista que noté entre amigos, alumnos y conocidos.
Alicia Villoldo-Botana es la directora del periódico español LA DEMOCRACIA. Esta entrevista fue publicada en el periódico argentino CRÍTICA DIGITAL.






