Está claro que si expresas tu opinión en voz alta y te la publicitan, es porque alguien la lee, por lo tanto es válida y considerada, pero lo segundo, y que en particular es lo que afecta a este caso, es que algunos se creen por ello con el derecho, “casi” sagrado, de “vomitarte”, en la cara, todo lo que piensan de ti, rebajándose a los insultos personales, a las descalificaciones más absurdas… En definitiva, a lo mas bajo del ser humano
Una vez llamé temprano a una redacción de un periódico y me respondió una chica casi sollozando. Cuando le pregunté que le pasaba, me comentó que le llovían las criticas, desde que escribía allí, a lo que yo objeté que eso era normal en su profesión, porque cuando ejerces en primera línea de información y comunicas un oportuno orden de cosas, lo rutinario es que a mas de uno no le sienten bien, eso cuando no le sientan mal a todos
Sí, pero se están poniendo demasiado bordes, con la crítica-lagrimeó ella
Y entonces, sí que la entendí, no le importaba el qué, sino el cómo, como a casi todos nosotros, en nuestra vida diaria, que no nos importa lo que nos hagan, sino la forma burda o educada de hacérnoslo
Y es que la envidia, la petulancia, y sobre todo, perdónenme ustedes, la imbecilidad de algunos, raya lo abismal, creyéndose con derechos a casi todo y con obligaciones a casi nada
Los que criticaron a mi amiga, se metieron en su vida privada, estrujaron y dieron vueltas de calcetín, a su artículo, y ¿todo para qué?, pues para sentirse bien en sus vidas de miseria, para intentando, vencerla a ella, hundirla, bajarla al nivel ínfimo en que ellos viven, simplemente sentirse un poco mejor…
Es para morirse de asco, porque no sé a ustedes, pero a mi me revienen a la boca, amargos recuerdos de mujeres vejadas por hombres que se sienten inferiores y con miedo eterno a que los abandonen, hombres, poco hombres y menos personas, que un día, cuando no pueden aguantar que esa mujer viva mejor sin ellos, que con ellos, la matan; compañeros de instituto, que no soportan que nadie pueda vulnerar esas normas absurdas que ellos mismos han creado, esas reglas, de secta, donde el mas inútil y brutal y la mas zafia y la mas hortera, establecen quién es bueno y quién es malo, a quien hay que admitir en el grupo y a quien hay que matar de una paliza
Capos de campo de concentración de la normalidad, dictadores de poca monta, con acólitos que tapan boca y mente, por el precio de la normalidad o el ”conmigo no te metes”
La guillotina está ahí, los anónimos, los que critican por el hecho de criticar, a la orden del día y los que ponemos el nombre al lado de nuestros pensamientos, los que esperamos la critica con una impermeable en el alma y un paraguas para lo que llegue, somos cada vez menos, porque lo fácil es nadar a corriente, ser una pez más en la pecera y arrimarte al ascua que más calienta, porque la envidia está a la orden del día y la mala leche más aún, y porque tú trabajes en algo tan fútil, tan efímero y tan accesible a cualquiera, como puede ser la opinión, ya parece que cualquier humano, por el hecho de tener ordenador y juntar dos letras, puede decir barbaridades, que debería corregir un buen psiquiatra
Menos mal que siempre quedan ustedes, que están siempre ahí, con educación y cortesía sobrados, que sonríen cuando cruzan mis pasos, que me mandan ánimos y saludos, mensajes y palabras de cariño, porque si todo fueran “de los de más arriba” ”valiente mundo de marrones” que sería, como bien, diría mi amiga






