1.000 parados al mes

En el último trimestre, en Castellón, el paro ha aumentado en 3.100 personas y son ya 25.400 las que buscan trabajo según la Encuesta de Población Activa (EPA). Pero la crisis no sólo se mide en la cola del INEM, los salarios han bajado por debajo de los niveles del año 2000 y quienes no llegan a mileuristas son mayoría. Los sueldos congelados, los precios por las nubes, las hipotecas imposibles.

Ni aterrizaje suave ni simple ajuste, la crisis ha llegado de manera brusca, y la situación económica de las familias empieza a ser muy complicada. La ocupación ha aguantado hasta los últimos años por la construcción y el dinero que debía hacer competitivas las fábricas acababa en solares. Sin embargo, incluso el ladrillo tiene un límite, el mercado está saturado y los especuladores empiezan a inmovilizar sus inversiones.

El gobierno valenciano se esconde cada vez que se habla de la crisis de la industria tradicional, mientras subvenciona la deslocalización. Nadie se atreve a invertir en regadíos, amenazados por los PAIs. Y el sector turístico es cada vez más precario.

El nuevo becerro de oro, el ladrillo, se ha comido el territorio, el agua, la energía y los recursos públicos. El dinero de la sanidad, de la educación y de los centros para mayores, se entierran en la Fórmula 1, en el aeropuerto fantasma, en la ciudad muda de las lenguas, en la Copa de América, en el agujero negro de la RTVV y, a veces, incluso algunos se extravían camino de paraísos fiscales.

Demasiado fastos como para preocuparse por la construcción de viviendas dignas y asequibles, de la financiación de la educación pública, de la dotación de centros sanitarios suficientes…

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